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Ola de violencias, agresiones y vandalismos contra diputados y símbolos institucionales en Francia

El presidente de la Asamblea Nacional, Richard Ferrand –

El intento de incendio criminal contra una residencia personal del presidente de la Asamblea Nacional, hombre de confianza de Emmanuel Macron, ha disparado todas las alarmas

Por vez primera desde la guerra de la independencia de Argelia (1954 – 1962) Francia sufre una ola sin precedentes de violencias, agresiones y vandalismo dirigido contra diputados, senadores, políticos y símbolos institucionales.

En un trimestre corto, desde el estallido de la crisis de la franquicia de los chalecos amarillos, a mediados del pasado mes de noviembre, ochenta senadores, diputados y políticos, han sufrido ataques físicos personales, amenazas de toda índole.

El pasado fin de semana, una residencia personal del presidente de la Asamblea Nacional, Richard Ferrand, en Motreff (Finisterre), fue víctima de un intento de incendio de carácter criminal. Por vez primera, desde los años sesenta del siglo pasado, el domicilio privado de uno de principales personajes institucionales del régimen sufría un ataque entre el vandalismo y la delincuencia criminal.

Durante los dos últimos meses, otros 80 senadores, diputados y políticos han sufrido ataques similares: acoso a través de las redes sociales, incendios de automóviles, domicilios y residencias particulares. Todos presentaron querellas criminales. Sin resultados, por ahora.

El intento de incendio criminal contra una residencia personal del presidente de la Asamblea Nacional, hombre de confianza de Emmanuel Macron, ha disparado todas las alarmas.

El presidente de la República y casi todos los partidos, con la excepción de las extremas izquierdas y derechas, han denunciado una escalada peligrosa e inquietante, que coincide con otros indicadores de naturaleza más o menos semejante: campañas de acoso personal contra Brigitte Macron, esposa del jefe del Estado, trivialización de la violencia callejera, cada sábado, al final de las manifestaciones de las facciones ultra izquierdistas y ultra derechistas de los chalecos amarillos.

Jean Garrigues, historiador, comenta el «fenómeno» de este modo: «Se trata de una situación inédita, desde la guerra de Argelia, cuando los partidarios de la Argelia francesa crearon una organización terrorista capaz de planear y realizar atentados terroristas. La violencia actual no ha alcanzado esa cota criminal, pero no deja de ser un fenómenos inquietante».

Christophe Belle, historiador, así mismo, coincide en el análisis de fondo: «Estamos viviendo unos estallidos de vandalismo y violencia que no tienen precedentes recientes en la historia de la V República. Las manifestaciones violentas, a las puertas de la Asamblea Nacional, uno de los pilares de nuestro sistema democrático, son síntomas inquietantes de un vandalismo anti parlamentario cuyos antecedentes pudieran recordar algunos ataques de violencia callejera durante los años 30 del siglo pasado».

El proceso en curso cobró una importancia simbólica excepcional, cuando las manifestaciones de chalecos amarillos del 1 de diciembre pasado culminaron con el saqueo y vandalismo del Arco del Triunfo, uno de los símbolos más emblemáticos de la historia de Francia, construido a mayor gloria de Napoleón.

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